Los días de lluvia me gusta salir al balcón y escuchar cómo gritan las gotas al caer al piso. Así se me van algunas horas, distraída de gota en gota me olvido de que existo y de que el tiempo no me espera. Soy una gota más que salta en las baldozas y se desarma al instante. Me río a carcajadas por las cosquillas que me hacen otras gotas al bailar. Me rozan, me acarician, me consuelan. El viento me despeina, me ensucio, me mojo, me engaño.
Y cuando para la lluvia me siento aturdida, quedan los recuerdos amontonados en un rincón de mi balcón y resuenan algunos gritos pero ya no están las gotas que me hacían compañía.
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